miércoles, 28 de mayo de 2014

Sobre la muerte virtual del SUBCOMANDANTE MARCOS


 Otro se llevó la gloria y la usó para encaramarse en el poder (cosas así suelen pasar)
Evoco el año 1997. Recuerdo la Selva Lacandona en la tercera de un tren atiborrado de gente pobre, que de noche era el tren fantasma, no tenía luz y había que dormir sentado en el piso, encima de la mochila para que no te robaran. Las estrellas más brillantes de la noche más oscura, el permanente mal olor de la orina, que corría como un arroyo por el piso del vagón en cada cuesta y pendiente. Recuerdo los retenes militares violentos, abusivos, en los pueblos que viborean a lo largo de la vía. Y también recuerdo a los turistas europeos, disfrazados de guerrilleros -con todo y sus borceguíes- pululando por doquier, buscando desesperadamente un contacto zapatista en San Cristóbal de las Casas que los hiciera remontar la sierra madre y unirse al grupo alzado. Nadie decía ni sabía nada.
En lugar de guiarlos a la cuna de la revolución les ofrecían muñecos de tela con una pipa, que se vendían a dólar en todas las ferias (tianguis) de Chiapas, Guerrero y Oaxaca. Souvenirs de la revolución.
Pienso en esos hombres y mujeres jóvenes -y en otros tantos admiradores de nombres, hombres y prohombres armados con el brazo de la justicia- hoy, casi veinte años después, y me imagino qué pensarán al leer en sus ordenadores, en sus oficinas, que el líder militar del EZLN se ha autoeliminado de la faz de los medios de comunicación masivos de la tierra. Que lo ha hecho considerando que "quienes amaron y odiaron al SubMarcos ahora saben que han odiado y amado a un holograma", y que "sus amores y odios han sido, pues, inútiles, estériles, vacíos, huecos". La séptima posdata de este documento de despedida es bastante significativa. De cierto modo me conforta en favor de una hipotética respuesta -histórica y justiciera- para tanto soñador de boina en pañales:
"Oigan, está muy oscuro acá, necesito una lucecita"
FEDERICO LEICHT