domingo, 12 de octubre de 2014

Siglo y medio de anarquismo. (extracto)

Osvaldo Escribano



Anarquismo, definición y antecedentes
Se puede afirmar, sin lugar a dudas, que el espíritu anarquista es natural en el ser humano desde su aparición en la tierra como especie diferenciada.
Su significado más remoto está referido a la oposición individuo-grupo autoridad, en donde se entremezclan una serie de valores que indican la necesidad de una comprensión, no siempre aprobatoria, del juego de los factores anteriormente señalados. Efectivamente, la pareja individuo-grupo o individuo-comunidad, es siempre aceptada por todos sus integrantes como una necesidad inevitable aunque se cuestionen con mayor o menor intensidad algunos de sus presupuestos básicos. Pero es precisamente de esta relación, de donde emerge un tercer componente que genera diversos grados de resistencia.
Si aceptamos que el ser humano es producto de una evolución que lo acerca cada vez más a grados superiores en su conformación, también aceptaremos que en su pasado se presentaron formas organizativas rudimentarias con referencia a las del presente y mucho más deficientes si la comparamos con las de un futuro previsible, o como muchos gustan decir, con las de un futurible. Es cierto que en todo el período transitado por la historia conocida, han existido etapas en las que las organizaciones sociales aparecen con un grado de perfección tal que nos hace poner en duda los criterios evolucionistas a los que hacemos referencia, ya que, comparadas con muchas formas actuales, presentan claras ventajas. Basta con hacer referencia a la democracia griega, a la islandesa o al proceso suizo. Sin embargo, la perfección de estas ínsulas históricas, además de tener esta característica, es una verdad relativa ya que, o se manifestaron solamente en una determinada clase social, como en la ciudad de Atenas de la Grecia antigua, o se desarrollaron en poblaciones minúsculas, sin mayor contacto con el mundo circundante, como en Islandia o Suiza.
Decíamos anteriormente que de la relación individuo-comunidad, emerge un tercer componente que es la autoridad. No es intención, ni tampoco el lugar de estos apuntes, analizar con extensión, ni siquiera someramente, el desarrollo de la sociedad en la historia, aunque si puede ser importante, para comprender mejor este proceso, remitir al lector a determinadas obras claves.
Entre ellas, podemos apuntar las siguientes: «La Revolución» de Gustav Landauer, «El origen de la familia, de la propiedad privada y el Estado», de Friedrich Engels, «Qué sucedió en la historia», de V. Gordon Childe o «El proceso civilizatorio: de la revolución agrícola a la termonuclear», de Darcy Ribeiro.
Lo importante en función de nuestro tema específico, es conceptuar el espíritu anarquista -no el anarquismo sistemático- en relación dialéctica con el significado de autoridad en el decurso histórico. Esto quiere decir, en otras palabras, que el espíritu anarquista fue evolucionando a través de las distintas épocas, interrelacionándose con las distintas manifestaciones de la autoridad jerárquica dominadora y con la evolución de las fuerzas productivas, hasta configurar el anarquismo que conocemos en la actualidad con toda su heterogeneidad.
Es indudable que la doctrina anarquista de los grandes pensadores de esta corriente, fundamentalmente en el siglo XIX, para poder fructificar en sus más importantes concepciones, necesitaba del marco propicio que le brindó la revolución industrial y el sistema capitalista de producción por ella entronizado.
De acuerdo a esto, no es posible pensar que el ideario anarquista, tal cual hoy lo conocemos, pueda haber hecho su aparición en los imperios teocráticos de la Edad de Bronce, en las civilizaciones griegas o romanas, en la Edad Media o en la Edad Moderna. Sin embargo, muchos autores encuentran antecedentes de ese pensamiento en casi todas esas etapas de la historia. Incluso en las tribus «primitivas» que se iniciaban en el cultivo del suelo donde se supone, que por asegurar la herencia, tiene su origen el patriarcado. Por nuestra parte pensamos que es natural que así sea, porque en todas las épocas en que la autoridad se corporizó, encontró resistencias, unas veces veladas y otras manifiestas, en individuos o grupos de pensamiento independiente y esta oposición pone en descubierto una de las imperfecciones fundamentales de la sociedad.
En concordancia con las ideas desarrolladas a través de todas las épocas, no es imposible concebir sociedades sin la presencia de gobiernos, pero también es difícil de aceptar que éstos realmente velen por el bienestar general sin hacer diferencias en favor de algún sector. Por eso, como dice Max Nettlau en «La anarquía a través de los tiempos»:
«Una historia de la idea anarquista es inseparable de la historia de todos los desarrollos progresivos y de las aspiraciones hacia la libertad, ambiente propicio en que nació esta comprensión de vida libre propia de los anarquistas y garantizable sólo por una ruptura completa de los lazos autoritarios, siempre que al mismo tiempo los sentimientos sociales (solidaridad, reciprocidad, generosidad, etc.) estén bien desarrollados y tengan expresión libre».
No es nuestro propósito realizar un análisis exhaustivo de la historia del anarquismo, pero sí el de señalar algunos de sus principales hitos a través de todos los tiempos conocidos, los que pueden ser tomados como fehacientes antecedentes de esta doctrina.
En primer lugar, es necesario referirnos a Zenón de Citio (365 - 264 A.C.) fundador de la escuela estoica. Estos filósofos creían en una razón que era el sustento de la armonía del hombre consigo mismo y con la naturaleza.
El cosmos estaba constituido por un orden divino que se manifiesta en la materia inerte. Los estoicos en su concepción de la divinidad alcanzan un auténtico panteísmo. La ley está fundada en la razón divina, lo que anticipa por esta escuela la formulación del derecho natural. Para los estoicos la ley es universal y comprende, en consecuencia, a toda la comunidad humana quien actúa exclusivamente de acuerdo a su sentido del deber, impuesto por la ley natural. Esta concepción representa indudablemente una aspiración de libertad frente a toda autoridad, ya que las acciones están reservadas exclusivamente a los individuos, y entre éstos serán los más sabios quienes comprendan y se conformen al orden universal. Y de acuerdo a ese orden universal, en el que se inserta la comunidad humana como totalidad, el hombre sabio se convierte en un ser cosmopolita, es decir, y de acuerdo a la terminología actual, en un ciudadano del mundo.
El espíritu anarquista también se manifestó en formaciones religiosas con connotaciones milenaristas que preconizaban una relación directa con Dios, sin mediación de ninguna especie y como consecuencia, rechazaban cualquier autoridad.
Los movimientos independientes y campesinos, como los levellers y los diggers que en la revolución inglesa y durante la lucha entre la monarquía y el parlamento, que si bien tuvieron una actuación extraparlamentaria se inclinaban por el segundo de los poderes, son antecedentes del anarquismo.
Pero sobre todo los diggers, ya que los levellerss hacían hincapié fundamentalmente en el sufragio y la soberanía popular, en tanto que los primeros preconizaban un comunismo rudimentario y la radicación de la soberanía en las comunidades, eliminando el elemento más importante de desigualdad, la propiedad. Ver: http://www.nodo50.org/arevolucionaria/masarticulos/abril2004/revolucioninglesa6.htm
Sin embargo, es en el siglo xviii cuando se sientan las bases con mayor solidez del futuro anarquismo sistemático. El racionalismo imperante unido a la crítica del poder absoluto y la limitación de toda autoridad en la sociedad a través de la división de poderes y el principio de soberanía popular, son algunos de los elementos que apuntalan esta afirmación. Es sobre todo en la obra del genial, pero también contradictorio Jean J. Rousseau, donde se manifiestan algunos gérmenes libertarios que, sin embargo, no alcanzan una definición clara al enredarse muchos de sus conceptos en oposiciones que desembocan en un círculo cerrado. Uno de los ejemplos que vale la pena mencionar es el hecho de que, a pesar de que la mujer era considerada por él inferior al varón y reducida en una parte secundaria en su instrucción, sus obras, principalmente el «Emilio» o la «Nueva Eloisa», son tomadas como guías por algunas mujeres que, –según Eliseo Reclus– «...sobre todo por mediación de Rousseau: había mujeres que tomaron ardientemente en la propaganda de las ideas nuevas contra el mundo antiguo de la autoridad clerical y monárquica ...se asociaron a la obra de liberación intelectual, interviniendo para socorrer a los escritores pobres, para dar un asilo a los perseguidos... impidiendo el funcionamiento de la autoridad, ridiculizada a los ojos mismos de los que la ejercían. Cada salón se rebelaba contra el altar y contra el trono». El Hombre y la Tierra Tomo IV Pub. De La Escuela Moderna Barcelona 1908, pag.598
Esta rebeldía no pasaba de allí y es natural que así fuera, ya que las condiciones generales no posibilitaban la formulación de un pensamiento completo sobre el tema en cuestión. Esto también pudo quedar claro en la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano (1789), en la que sólo se hacia referencia al hombre como varón. Olimpia de Gouges (1748- 1793), tomando como base la declaración de 1789, publicó en septiembre de 1791 su brillante y radical alegato en favor de las reivindicaciones femeninas, la Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana, donde denunciaba los principios patriarcales que dieron origen a la primera declaración, lo que, en 1793, le costó ser guillotinada.
A pesar de ésto, Rousseau puede ser considerado un pensador avanzado, ya que sin tener mayores elementos a su alcance y en un siglo donde una burguesía ascendente introduce principios que en esa época eran prácticamente indiscutibles y que aún hoy, para muchos importantes y variados sectores, son insospechables de necesitar una reformulación, anticipa críticas a la autoridad, a la diferencia entre pobres y ricos y a la inviabilidad del concepto de representación popular. Pero se contradice, en alguna medida, con su concepto de voluntad general, determinado por el anhelo utópico que expresa del modo siguiente:
«Encontrar una forma de asociación que defienda y proteja de toda fuerza común a la persona y a los bienes de cada asociado, y por virtud de la cual cada uno, uniéndose a todos, no obedezca sino a sí mismo y quede tan libre como antes» (Contrato Social Libro I, Cap.VI).
Es evidente que Rousseau veía el problema con más alcance que sus contemporáneos, pero no resolvía la contradicción entre «los bienes de cada asociado» y ser tan «libre como antes», a la que los anarquistas le dieron solución con su propósito de abolir la propiedad privada, una de las principales fuentes de autoridad.
Las contradicciones rousseaunianas se manifestaron en el campo práctico durante el proceso de la Revolución Francesa, en donde aparecieron diversos grupos que cuestionaron el orden liberal burgués que se perfilaba a partir de 1789. Entre ellos estaban los enragés (violentos), liderados por Jacques Roux y el sector de Babeuf, quien dirige la Conspiración de los Iguales y preconiza un verdadero comunismo, el que, sin embargo, no logra consenso en razón de la mayoría burguesa de la revolución y los escasos y mal organizados sectores proletarios, quienes, por otra parte, no tenían en esa época una definida conciencia de clase. Contemporáneo al ginebrino un intelectual no tan conocido llamado Morelly escribe en su «Código de la Naturaleza» lo que podría ser la primera definición clara de comunismo anárquico
«... establecer el uso común de los instrumentos de trabajo y de las producciones; hacer la educación igualmente accesible a todos, distribuir los trabajos según la fuerza y los productos según las necesidades; no conceder al talento más privilegio que el de dirigir los trabajos según el interés común, y no tener en cuenta, para la repartición, la capacidad sino solamente las necesidades....; no admitir retribución en dinero, porque toda retribución es inútil o perjudicial: inútil en el caso en que el trabajo, libremente elegido, diera la variedad y la abundancia de los productos en cantidad superior a nuestras necesidades; perjudicial en el caso de que la vocación y el gusto no llenaran todas las funciones útiles». (1)
Sin embargo, el pensador al que habitualmente se lo menciona como el antecedente más inmediato del anarquismo, es William Godwin (1756-1836) quien publicó en Inglaterra, en 1793, su obra «Investigación acerca de la justicia política y su influencia en la virtud y la dicha generales»
(2). En este autor hay una importante influencia del ginebrino, del que leyó toda su obra.
Es así que se pueden comprobar pensamientos paralelos, como el que la humanidad ha avanzado en el campo científico sin su correspondiente correlato moral y la idea de que el hombre es bueno por naturaleza, pero es la sociedad a través de su organización autoritaria quien lo corrompe. Para él, este estancamiento moral se debe, fundamentalmente, a la existencia del gobierno, ya que al intervenir en las acciones de los hombres, impide que sus mentes puedan descubrir los errores y eliminarlos mediante la recta razón. Sin 1 Citado por Eliseo Reclus en «El Hombre y la Tierra», tomo IV pg.599 2 Editado en español por Edit. Tupac en 1945 embargo, Godwin no se define como anarquista y esto se debe principalmente, a que en esa época esta doctrina no se expresaba sino en forma inconsciente y subterránea, a la vez que mezclada con otras ideas, como el liberalismo y un socialismo voluntarista o utópico, al estilo de Robert Owen. Max Nettlau, al transcribir el siguiente pasaje de Godwin:
« ... había llegado completamente a la deseabilidad de un gobierno que sería simple en el más alto grado» afirma: «que es una manera de descubrir su ideal anarquista».

Definición del término y formulación sistemática
Creímos necesario describir algunos de los antecedentes más importantes del anarquismo, a lo que nos llevó una doble finalidad: en primer lugar, dejar aclarado que el espíritu anarquista se manifiesta en el mundo desde que aparece la sociedad organizada y luego para facilitar, valiéndonos de estas manifestaciones, una mejor definición y entendimiento del concepto.
El anarquismo no puede ser definido como movimiento político en una forma clásica, desde el momento en que este término se define como el arte o la ciencia referente al gobierno de los Estados y, por principio ideológico, este movimiento parte de negar la necesidad de Estados que intermedien en la relación entre los seres humanos. Pero, por comodidad, usaremos el término político siguiendo la definición de Cornelius Castoriadis:
«una praxis que se da como objetivo la organización y la orientación de la sociedad con miras a la autonomía de todos y que ésta, presupone una transformación radical de la sociedad, no siendo esta posible sin el despliegue de la actividad autónoma de los seres humanos» .
Hecha esta aclaración, podemos decir que el anarquismo, como movimiento político, forma parte de esa gran corriente socialista, que surge a mediados del siglo xix como enfrentamiento al sistema capitalista dominante y en crecimiento.
Teniendo como fundamento básico la libertad, se diferencia del liberalismo burgués en la interpretación de ésta: mientras que para el liberal burgués la libertad de cada individuo tiene como límite la de todos los demás, para el anarquista, partiendo de la base de que el ser humano sólo se realiza en contacto con otros seres humanos, sólo será verdaderamente libre en contacto con seres libres, por lo tanto al decir de Mijail Bakunin
«...la libertad del otro, lejos de ser un límite o la negación de mi libertad, es su condición necesaria y su confirmación».
En esta forma
«...la libertad es concebida como un valor eminentemente social ya que no puede ser realizada más que por la sociedad y en la más estrecha igualdad y solidaridad de cada uno con todos».
Reafirmando esto, sostenía:
«La igualdad sin libertad es una ficción detestable, inventada por impostores para engañar a imbéciles».
Como socialista, se diferencia claramente de los que calificaba como autoritarios, cuyo principal ideólogo fue Karl Marx, al plantear el cambio social como totalizante. Su revolución es integral, no sólo política o económica, ya que si algún aspecto de las viejas estructuras queda intacto, por allí se colarán los valores del régimen derrocado.
Es recién en este siglo xix cuando la evolución socioeconómica llega a un estadío que posibilita la aparición del anarquismo histórico y su definición estricta, y es un pensador de esta época quien le otorga, por primera vez, los rasgos sistemáticos que posibilitaron su posterior evolución. Nos referimos a P. J. Proudhon, quien identifica con claridad a los tres elementos esenciales que constituyen la tríada que impide la manifestación de la libertad sin trabas: el capital, el Estado y la Iglesia. El primero ejerce su dominio en el campo económico, sometiendo a los trabajadores; el segundo, lo hace en lo político, anulando toda libertad en ese orden y el último, la Iglesia, que tiraniza el espíritu y fundamenta moralmente la explotación capitalista y la jerarquía estatal.
Por eso afirma Proudhon que:
«... para oprimir eficazmente al pueblo hay que encadenar simultáneamente su cuerpo (el capital), su voluntad (el Estado) y su razón ( la Iglesia)».
Más adelante volveremos a detenernos en este filósofo social, pero por el momento, nos interesan sus ideas como base para definir el concepto de anarquismo.
Por él se entiende la doctrina que toma como fundamento al ser humano y a la sociedad, a quienes les asigna un papel de libertad e independencia frente a cualquier institución que represente una condición autoritaria y jerárquica.
Al mismo tiempo reconoce que la única limitación del individuo es la que deriva de su propia existencia en relación con la naturaleza y la comunidad, con las que se vincula en actitud solidaria por un acto de libre voluntad y junto a quienes organizará los distintos aspectos de su vida, en base a una relación horizontal y una metodología autogestionaria en todos los niveles, que le permitirán gozar de esa libertad plena, así como del desarrollo de sus potencialidades junto a todos los seres que lo rodean.
Como consecuencia de esta definición, emergen los distintos estamentos a los que el anarquismo responsabiliza por la alienación del individuo y la comunidad: Estado, ley, propiedad, Iglesia y todos los elementos derivados de estas jerarquías como pueden ser el poder militar, el político, las clases sociales, el patriotismo, la familia patriarcal, etc.
El término tiene su origen en la voz anarquía, derivada del griego y que significa «sin gobierno». Las referencias primitivas e incluso las actuales, que son explicitadas por todos los diccionarios de la lengua, aluden a los conceptos de caos, desorden, confusión, inestabilidad, etc. Es por esto que, además de la propaganda intencionada de los poderes, que el anarquismo es visto exclusivamente, por vastos sectores, como terrorismo, confundiéndolo, premeditadamente, con el de subversión.. Es quizás la generalización de este prejuicio el que impidió una divulgación más amplia de sus ideas. No podemos dejar de lado en este análisis que el espíritu de la época en que se empezó a usar el término, al que primero aludió P. J. Proudhon, era de excesiva confianza en el progreso de la humanidad, tanto en el plano científico como moral, lo que permitía vislumbrar nuevas épocas. Entonces, ¿qué tenía de inconveniente ceñirse a aspectos exclusivamente semánticos para bautizar una doctrina? Así lo entendieron sus fundadores y se remitieron fundamentalmente al concepto de «sin gobierno» en la convicción de que una idea tan sencilla sería comprendida con toda facilidad. Además ¿cómo no usar este término si era precisamente el gobierno el elemento más evidentemente identificable como responsable de la opresión, el otorgamiento y custodia de los privilegios y el apuntalamiento de todos los sectores que contribuían al sometimiento de la comunidad y al oscurantismo de la mente?
En el siglo xix y primeras décadas del xx, el anarquismo alcanza su máxima madurez y desarrollo sistemático. Con esto no queremos decir que esta doctrina haya quedado circunscrita a ese momento histórico, ya que es dable pensar que si tuvo precursores, como citamos anteriormente, desde el siglo III a. C., el espíritu que la genera no se puede extinguir por causas aleatorias sino por la eliminación de los motivos que determinaron su aparición. Y esos motivos en la actualidad están presentes y no tenemos ninguna evidencia para afirmar que se han superado de tal manera que ya no sean causantes de oposición. Al hablar de los siglos xix y xx, nos estamos refiriendo al anarquismo histórico del que entre otros, fueron sus principales exponentes, en cada una de sus corrientes, Max Stirner en el orden individualista, Proudhon en el federalismo mutualista, Bakunin en el anarcosocialismo colectivista y Kropotkin en el anarcocomunismo. A ellos hay que sumar un importante número de activistas, pensadores, escritores, científicos, etc., entre los que se puede mencionar a Elisée Reclus, Errico Malatesta, León Tolstoi, Anselmo Lorenzo, Rudolf Rocker, Luigi Fabbri, Emma Goldman, etc. y más actuales como Daniel Guérin, Collin Ward, Murray Bookchin, Luce Fabbri, Ángel Cappelletti y otros.
El problema principal del anarquismo, para su actuación política dentro de este sistema, es su inveterado rechazo por todo lo que signifique una organización en la que se constituyan autoridades con cargos jerárquicos o representativos, que indudablemente pueden desembocar en burocráticos; sin embargo, en diversas oportunidades, distintos anarquistas participaron en asociaciones que de una u otra manera, suponían este orden jerárquico y asumían esta contradicción. Esta posición es determinada fundamentalmente por el espíritu antiautoritario del anarquismo, que lo lleva a elegir métodos organizativos de características asamblearias y netamente horizontales, que permitan una real participación e los integrantes en las tomas de decisiones.
Estas características descriptas, son comunes a las distintas corrientes anarquistas, las que en su desarrollo difieren en los medios para eliminar a su fundamental enemigo, el Estado, y en la organización que se daría la sociedad una vez eliminado éste.

jueves, 9 de octubre de 2014

Ejército Islámico y sus progenitores: De tal palo tal astilla


Luis E. Sabini Fernández

Nos enteramos hoy que los yihadistas destruyen sitios históricos y comercian antigüedades del territorio donde han instalado su califato. ‘Cortan y venden’  ‘piezas inestimables’, de ‘monumentos sagrados’ ‘cristianos, judíos o musulmanes’ (La Nación, 30/9/2014, Síntesis)
No le podemos pedir a La Nación que haga el esfuerzo “histórico” de contextualizar esta noticia, pero tenemos que recordar que esto fue exactamente lo que hicieron miembros del ejército de EE.UU. cuando invadieron Irak en 2003
Las fuerzas “civilizatorias” entonces tuvieron a bien preservar con guardias y protección dos ministerios del estado iraquí que había sido tan radicalmente remozado por Saddam Hussein; el que administraba todo el petróleo iraquí (Irak era entonces uno de los principales productores mundiales de petróleo caracterizado por su alta calidad y bajo costo de extracción) y el de Seguridad, asiento de todas las policías del país. Los demás ministerios (de Educación, de atención a la población civil, de guerra, de comunicaciones) fueron todos librados… al saqueo. Esto incluyó ciertamente los museos y el acervo cultural e histórico del país
Que es justamente una de las cunas de la humanidad tal cual la reconocemos hoy; la Media Luna de las Tierras Fértiles ha sido asiento de la primera agricultura humana y de varias civilizaciones que hoy sabemos fueron llevando a la humanidad de su estadios iniciales a los actuales. Irak conservaba, por ejemplo, tablillas cuneiformes, laboriosamente rescatadas en tantas excavaciones; la escritura cuneiforme es una de las primeras escrituras humanas

Pues bien: los soldados yanquis rompieron vitrinas, y se llevaron bajo el brazo o dentro del abrigo fragmentos de, por ejemplo, tales tablillas para malbaratarlas en el mercado negro de antigüedades
Los directores de tales museos y reparticiones iraquíes se quejaron amargamente de tales despojos, que jamás fueron esclarecidos y menos todavía restituidos
Tenemos una pista para “entender” ahora el comportamiento de los “yihadistas”
Pero no es la única, ciertamente. Cuando la OTAN ataca en Libia al régimen de Gadafi,  con el culto a su calidad de “supremo”, se lo elimina como a una alimaña, ignorando todos los recaudos de un enjuiciamiento. Pero no sólo se lo asesina así en plena calle y con una jauría de mercenarios; hay señales de dónde proviene este tratamiento: la secretaria de estado de EE.UU. de entonces, Hillary Clinton, informada de “los hechos” gorjeará un cantito en señal de alegría que afortunadamente quedó grabado en “la nube” de internet. Y con el arrasamiento de alguno de los palacios de Gadafi, saqueado por lossoldiers of fortune −como son designados los mercenarios que reciben enormes emolumentos por su “contribución”−, en uno de sus fastuosos baños un “Freedom fighter”, ¿árabe de pura cepa? escribirá: “GAME OVER”
Pequeños mojones que van dando el perfil de los “yihadistas”. Y el motorcito “fuera de borda” que los impulsa…
Así que ahora, yihadistas que encarnaran Al-Qaeda y que ahora encarnan al Ejército  Islámico que ha usurpado un territorio arrancado a los maltrechos e invadidos Irak y Siria, siguen mostrando su fuente de inspiración y lo que guía sus comportamientos: ni siquiera son originales en lo de “destruir sitios históricos” y “comerciar con antigüedades”. Siguen apenas las huellas
Como el mismo George Clooney señalara cuando la presentación de Monument’s Men que dirigiera, produjera y actuara, en un rapto de sinceramiento sobre el despojo que las naciones coloniales han llevado adelante en la periferia planetaria −y en esto incluimos no sólo a los estadounidenses y a los alemanes de Monument’s Men, sino también a ingleses y franceses, por ejemplo−: "Como en Siria, Afganistán, Irán o Sudán. Los estamos dejando sin su propia cultura"
Deberíamos agregar en primer lugar a Palestina, donde Israel cumple una tarea de desmantelamiento precisa y cerebral sobre la memoria, arrasando con los trozos territoriales (con las vidas palestinas en primer lugar) y hasta con el nomenclátor, pero también con lo que ha pasado con las sociedades africanas como la Nubia o las amerindias como la incaica y la azteca, para nombrar apenas las más conocidas.

martes, 7 de octubre de 2014

¿QUIÉNES PUSIERON LA BOMBA EN EL METRO?


X La Toño Domínguez 

E l lunes 8 de septiembre, un artefacto explosivo detonó en un local de comida rápida, sobre la estación Escuela Militar del metro de Santiago. Los presuntos implicados habrían descendido de un automóvil, e instalado el artefacto en un basurero, provocando que las esquirlas hirieran a muchas personas. Rápidamente la noticia voló por Inter-net y los medios masivos oficiales hicieron un vi-rulento festín con la acción, haciendo gala de su “objetividad”, “neutralidad” y “pluralismo demo-crático”, apuntando a los anarquistas y hablando a destajo de “acciones terroristas”. Desde el Esta-do, la presidenta Ba(chan)chellet invocaba la Ley Antiterrorista y su ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo, imploraba a los parlamentarios y a la ciudadanía que se “actualizara” dicha ley con el fin de que no se cometieran errores en las deten-ciones (como ocurrió con el fra-Caso Bombas). La idea era que la ley fuese implacable, logrando dar con los “culpables” de la instalación de la bomba. 
Hasta aquí, los hechos son conocidos por todos, sin embargo nadie se ha detenido un segundo a analizar tal situación, ni su contexto, ni su “historia”. Todos, tanto políticos como algunos sectores de “honrados”, dormidos y alienados ciu-dadanos han repetido el discurso oficial: “hay que dar con el paradero de quien sea, ponerlo en TV, invocar la Ley Antiterrorista, sacrificarlo por no respetar ni a dios, ni a la moral, ni la vida huma-na, ni la vida del basurero ni la del local destruido (?)” 
Para entender esta situación hay que remontarse al combativo 2011, donde las protestas estudian-tiles y un amplio movimiento social ocuparon las calles, hizo frente a la represión y con la violencia enfrentó a la violencia cotidiana del sistema -y de la policía democrática, claro-. ¿Acaso no fue así? La violencia de los encapuchados, al igual que los bombazos tuvieron un objetivo claro: la gran pro-piedad del capital y del Estado. 
En muy pocas ocasiones, el “desborde” violento atacó a la gente común. Y cuando ocurrió, fue re-currente la participación de infiltrados policías que “solo hacían su trabajo” (ni que fuéramos güeones), con el fin de suplantar las acciones, y dirigir la mirada “ciudadana” hacia los ataques, más que, a los objetivos del movimiento. 
En ese combativo 2011, la protesta violenta como los bombazos le dolieron en los bolsillos a los em-presarios y al Estado, quienes recurrentemente intentaron mostrarlos como “ajenos” a las deman-das, a los movimientos sociales y a la disidencia al sistema. Quisieron mostrarlos como criminales y delincuentes, no como los honrados empresa-rios y políticos que nunca se han cagado a nadie (chaaaaaaaaaaa!). 
En ese entonces, el gobierno -dirigido justamente por un empresario-, recogió los reclamos del em-presariado, que estaba muy preocupado porque la muchedumbre le tocaba “su” propiedad, y saquea-ba AFP’s, supermercados, bancos, empresas tele-fónicas, farmacias y quemaba La Polar, la misma empresa que repactaba sin preguntar a la gente, para seguir lucrando feliz en el paraíso del libre mercado que es $hilito S.A. 
El sacrilegio que cometieron los encapuchados y quienes instalaron bombas, consistía en atreverse a tocar la propiedad de los ricos, y -por supuesto- en pasarse por el culo sus normas y leyes y, con dignidad, responder a tanta violencia cotidiana ¿o acaso no es violento la micro y el metro llenos? ¿La salud como el pico? ¿La educación de lucro dirigida por el capital? ¿los bajos sueldos? ¿El des-pido por “razones de la empresa”? ¿las alzas? ¿La “política de los acuerdos”, sin la gente? ¿Los peri-féricos subsidios habitacionales? ¿El hecho que todo tenga que pagarse cuando todos lo produci-mos nosotrxs mismxs?. Uf, creo que podríamos seguir. Todo eso, significó que algunas y algunos se atrevieran a responderle a quienes nos domi-nan y mantienen en esta democrática esclavitud moderna. 
Desde el poder, el Ministro del Interior de ese en-tonces, Rodrigo Hinzpeter, intentó acabar con la protesta violenta, y para eso persiguió a los nue-vos y viejos rebeldes. Durante las noches, fue ca-sa por casa… perdón!, “Okupa por Okupa”… reali-zando violentos desalojos policiales, mientras to-dos los ciudadanos estaban en sus casas, aliena-dos por la tele, riéndose con la noticia tierna del perrito del youtube al final de las noticias. Mien-tras nadie miraba, el ministro mandaba a la poli-cía para que secuestrara gente asociada al mundo que no le compra el cuento a este circo guberna-mental, para culparlos de instalar explosivos. Su lamebotas, el jalero fiscal Alejandro Peña, se en-cargaba de engrasar el montaje, inventando prue-bas que caían en el ridículo (como una polera ne-gra o un libro anarquista) mientras que iba apli-cando la Ley Antiterrorista “a quienes resulten responsables”. 
Hacia finales del año, y ante la inmensa protesta social, el mismo ministro dirigía su mira-da poli-cial hacia los encapuchados, a quienes señalaba como “ajenos” a la protesta (porque en la cabeza de los poderosos, una protesta solo puede ser pa-cífica y no debe güeviar ni molestar a nadie, real-mente). Ante los encapuchados y los estudiantes que se tomaban sus colegios y universidades, Hinzpeter propuso una nueva ley, que fortalecía el resguardo del orden público[1], conocida popu-larmente como “Ley Hinzpeter”. En ella llamaba a defender la sacrosanta y divina propiedad privada, del saqueo, de la Toma y del ataque incendia-rio; a su vez, protegía al policía, al cual no se le podía tocar ni un pelo ni responderle con grose-rías, pues son la autoridad y “solo hacen su traba-jo” (otra vez el argumentito agüeonaíto ese), ade-más, las penas se agravaban si el manifestante es-taba encapuchado o llevaba una molotov en su mochila. 
El proyecto de ley no fructificó, principalmente por la resistencia de la población. Las protestas se hicieron presentes, y mucha gente solidarizó con los encapuchados y los estudiantes en toma. Para todos ellos, la ley iba en contra de la protesta so-cial, y era contrario a los derechos más básicos de un gobernado, entre ellos, el derecho a liberarse de quien te oprime. 
La concertación, que ahora se llama Nueva Mayo-ría, quiso ponerse delante de la resistencia a la Ley, y desde el senado intentaba sacarse la fotito con el puño sesentero en alto repudiando al poli-cial ministro, pues “hay que ganarse la confianza de la gente…. A ver si así, nos eligen de nuevo”. 
Desde el mercado, las pocas familias más ricas de este país veían con espanto la resistencia social, y llamaron a sus oficinas a nuestros democráticos gobernantes. A puertas cerradas retaron a Piñera y a Hinzpeter, no podía ser que en tan poco tiempo perdieran la legitimidad que con mucho esfuerzo y represión había adquirido esta “democaca”. Para los empresarios (verdaderos dioses de $hilito), la culpa de tal estado de ingobernabilidad era del gobierno de turno, que no había cumplido con mantener invisible la dominación. Para ese puñado de ricos, daba lo mismo si el gobierno era de dere-cha o izquierda, lo importante era que mantuviera la ritualidad del trabajo, las deudas y por sobre todo: sus negocios. 
En esto, Piñera no pudo mantener su proyecto, y Hinzpeter resultó tan grosero con su persecución política que podía ser que los borregos ciudada-nos se dieran cuenta de que se los están cagan-do… y allí, la cosa se ponía inestable para el poder de esas cinco familias. 
Por lo tanto, cambiaron la estrategia. Pescaron un mínimo porcentaje de su dinero y financiaron las candidaturas de la derecha y la Nueva Mayoría, así, el que ganara aseguraría el reinado del dinero por más tiempo y “perfeccionaría” la dominación para que nadie se diera cuenta. Como era de pre-ver, ganó la izquierda del capitalismo. La Nueva Mayoría entraba rimbombante en el PALACIO de gobierno, con una literal cagada de votos. Ahora estaba todo listo, la maternal Bachellet aseguraba venir a realizar profundas reformas políticas y so-ciales que nada cambian realmente, pero que sin lugar a dudas aseguran la violenta explotación co-tidiana de la mayoría que dice representar. 
Sin embargo los días pasaron, y las reformas pare-cieron esfumarse en demagogia, discursos estúpi-dos, peleas entre honorables diputados, burocráti-cos encuentros entre ellos mismos y acuerdos en-tre los mismos de siempre. Al final, ni las mayo-rías parlamentarias sirvieron, pues ni se han ocu-pado, como le dijeron a sus votantes. 
Sin embargo, un nuevo Ministro del Interior ocu-paba el asiento calientito del saliente y grosero Hinzpeter: El Ministro Rodrigo Peñailillo. Quien apenas llegó a su escritorio se dedicó a insistir en “modernizar” la Ley Antiterrorista a los nuevos tiempos. Sus argumentos eran que esta ya no era eficiente, pues no lograba encanar a los rebeldes que ponían bombas, ni a los encapuchados que le tocaban la propiedad a sus jefecitos o se tomaban sus colegios cuando las cosas no cambiaban. 
Sin embargo, esta vez había que hacer las cosas bien. No vaya a ser que la gente sospeche que le están metiendo el pico en el ojo de nuevo, enton-ces la cosa se hizo sencilla: los asesores de Peñai-lillo, financiados por las cinco familias que reinan $hilito S.A., primero le enseñaron a hablar. “Señor Peñailillo, no diga ‘vamos a poner un candado a la puerta giratoria’, ni tampoco diga ‘aplicaremos todo el rigor de la ley’, eso no, eso esta out y la gente ya no lo cree; mejor diga ‘hay que moderni-zar la ley antiterrorista’, ¡a todos nos gusta lo mo-derno Ministro! Además, así nadie notará que en el fondo se trata de apretar la represión, para que absolutamente nadie cambie este democrático pa-raíso empresarial, ni le toque la propiedad a nues-tros amos”. 
Sin embargo, Peñailillo sabía que había un proble-ma. Los encapuchados y quienes instalaron bom-bas no eran tontos, y sus ataques nunca se dirigie-ron a la gente común, ni a sus vecinos. Por lo mis-mo, Peñailillo sabe que, cuando los antiautorita-rios ponen bombas o los encapuchados atacan la propiedad, despiertan algunas simpatías entre la población, pues atacan la tienda que repacta deu-das, la farmacia que lucra con la salud, la AFP que roba a los abuelitos o el banco sin corazón que le roba a todo el mundo. Bastante similar es el caso de quienes roban cajeros, a quienes también se les ve con cierta simpatía, pues; en un país asquero-samente capitalista como este, la desigualdad y la explotación es más violenta que cualquier barrica-da o piedra que dé en el casco de un policía o de un periodista servil al poder. 
Peñailillo tiene un problema. La gente que ocupa la calle y se emputece en serio no quiere Ley Anti-terrorista, pues esta plantea que existe un enemi-go interno al que hay que exterminar para blindar la democracia de cualquier intento de transforma-ción en beneficio de los explotados y gobernados. Por lo tanto, para el ministro “buena onda” que es Peñailillo la situación es simple: si no podemos romper esa tenue simpatía, hay que falsificar su protesta, así los odiarán y podremos hacer que nuestra pinochetista Ley Antiterrorista tenga un sabor democrático y “moderno”. ¿Cómo romper esa tenue confianza? ¿Cómo destruir la imagen de los encapuchados o los anarquistas? ¿Cómo desar-mar al movimiento social? ¿Cómo dividirlos? Al ministro se le ocurrió una gran idea: “ya que estos tipos no buscan el terror de la población y más bien dirigen sus ataques hacia mis jefecitos, ten-dremos que fabricar nosotros los explosivos y sembrar el terror entre la gente común, solo así apoyarán cualquier cosa, tal como lo hizo Pino-chet con la doctrina del Shock… si el enemigo in-terno no es odiado por toda la población, nosotros nos encargaremos de que así sea”. 
Y ¡Bum! Una Bomba en el Metro los Dominicos, sin comunicado adjudicado. Bum! Otra en el metro Escuela Militar, con una forma diferente de atacar, esta vez con heridos, y publicitados por todos los canales y diarios… y Bum! En la Radio Bio Bio pi-den a los parlamentarios modernizar la Ley Antite-rrorista… y Bum! En el periódico el Mercurio lla-man a la presidenta a ponerse los pantalones con-tra estos terroristas… y Bum! En la tele dijeron que es necesario perseguir a los terroristas porque lo pueden matar a usted o a su vecino… y Bum! Ya nadie se interesa por la educación gratis o las pro-testas contra las alzas del metro y transantiago… y Bum! Nos quedamos sin memoria, e hicieron lo que quisieron aquellas cinco familias dueñas de $hilito… y ahora, no había nadie que les respon-diera en los mismos términos que ellos nos tratan a nosotros. 

[1] Disponible en http://www.elmostrador.cl/media/2011/10/Proyecto-de-ley-que-fortalece-el-resguardo-del-orden-p%C3%BAblico.pdf 

domingo, 5 de octubre de 2014

Un año de acampe contra Monsanto


Raúl Zibechi

Estos días la Asamblea Malvinas Argentinas Lucha por la Vida celebra un año del acampe que consiguió paralizar la obra más grande que la multinacional lleva adelante en el mundo. Un pequeño grupo de vecinos de la ciudad-barrio a 14 kilómetros de Córdoba comenzó a movilizarse dos años atrás, cuando la presidenta informó por cadena nacional la inversión de Monsanto para instalar una planta de semillas de maíz transgénico, que incluye 240 silos y la utilización de millones de litros de agroquímicos.
Los vecinos consiguieron la paralización del emprendimiento, en lo que es la primera gran derrota de la multinacional en Argentina, uno de los epicentros de su actividad para la región. Conocer más de cerca esta notable experiencia de organización y resistencia puede contribuir a comprender los porqué de su triunfo ante una de las empresas más poderosas del mundo.
La primera enseñanza es que un pequeño grupo puede cambiar la historia si es capaz de arraigar en un territorio y convertirlo en lugar de resistencia. Eligieron plantarse frente al predio de Monsanto. El punto de quiebre fue el festival Primavera Sin Monsanto, en septiembre de 2013, que culminó con la acampada, sorpresiva, ya que decidieron no anunciarla para evitar que la policía desbaratara sus planes.
Durante un año desafiaron el frío y la lluvia, sin agua y sin luz, durmiendo en tiendas de campaña; se sostuvieron con base en la solidaridad y voluntad militantes. Pusieron el cuerpo a los camiones para impedir el acceso de materiales de construcción, enfrentaron la represión policial, los ataques de las pandillas del sindicato de la construcción y la presión de los poderes públicos. Construyeron refugios con barro para usarlos como cocina, depósito y lugar para reuniones y asambleas, y una huerta junto a la carretera para la comida comunitaria. La cohesión y la decisión del núcleo que sostiene el acampe lo ha convertido en una comunidad de vida.
La segunda enseñanza es la heterogeneidad y la horizontalidad. Esther Quispe, nieta de bolivianos, madre y abuela, destaca que "los vecinos que formamos la asamblea nunca habíamos participado en nada", salvo dos universitarios del barrio que "no perdieron la humanidad en las aulas". Pero lo fundamental es que pudieron articularse con militantes provenientes de la universidad y de partidos, "lo que nos permitió aprender palabras nuevas como capitalismo y organismos genéticamente modificados".
Una constante que puede constatarse en todos los movimientos populares es la confluencia de sectores populares y de militantes formados en otros espacios. En Malvinas Argentinas –reflexiona Esther– el nivel educativo es muy bajo, de modo que el contacto con militantes con formación política y teórica los ayudó a tener una mirada más amplia. "El abanico se le fue abriendo a los vecinos" –dice–, en la reciprocidad de saberes diversos.
Una parte de esa heterogeneidad fue la confluencia con otras experiencias de lucha. Las Madres de Ituzaingó, que habían obtenido una importante victoria el mismo día que se anunció la inversión de Monsanto, son apoyo y punto de referencia ya que fueron las primeras en salir a la calle contra las fumigaciones, en otro barrio de la ciudad de Córdoba. Conocieron a las Madres de Plaza de Mayo a través de Nora Cortiñas, al Nobel Adolfo Pérez Esquivel, a los científicos comprometidos Andrés Carrasco y Raúl Montenegro (Nobel alternativo).
En los 12 meses de acampada "aprendimos a escuchar al otro, a comer juntos, aprendí que hay veganos y vegetarianos, aprendimos a negociar entre nosotros", asegura Esther. El paso siguiente, fue que "aprendimos a hacer política sin ser políticos". La heterogeneidad y el sentirse todos iguales creó un espacio-tiempo de autoeducación colectiva, sin dirigentes y dirigidos, sin división del trabajo entre los que mandan y obedecen.
La tercera cuestión también la destaca Esther: "Si abandonamos la calle las luchas se caen". La acción directa es tan insustituible como poner el cuerpo. A veces son grandes manifestaciones de 5 mil personas, en un pueblo de 15 mil habitantes, o acciones casi individuales como echarse al suelo frente a decenas de camiones. La potencia no está en la cantidad sino en la decisión de jugársela. Es esa decisión la que atrajo al acampe a decenas de jóvenes, a los que ahora llaman "los hippies", que están sosteniendo el campamento en los últimos meses.
Con ellos también aprendieron a convivir y, sobre todo, a superar las desconfianzas. Cuando la huelga policial en Córdoba, a finales de 2013, se desató un clima de terror. Llamaron a "los hippies" para que los ayudaran a cuidar las casas y los pequeños negocios, y allí –en medio de la crisis– cambiaron la mirada sobre los jóvenes diferentes ( MU, agosto de 2014).
Finalmente, una cuestión mayor: la creatividad. No podemos ganar siguiendo los caminos trillados. No se puede convencer sin producir cosas nuevas que muestren la potencia que emana de las resistencias. Los miembros de la asamblea aprendieron conceptos científicos, rastrearon información para difundir en el barrio, y junto a un laboratorio y la cátedra de toxicología de la Universidad de Buenos Aires realizaron extracciones de sangre a vecinos, que mostraron que siete de cada 10 tienen agroquímicos en sangre, como Aldrin y Dieldrin, que están prohibidos en buena parte del mundo.
Comunicadores y colectivos de jóvenes crearon la web Ecos Córdoba (http://ecoscordoba.com.ar/), que publica artículos, fotos y videos sobre la resistencia a Monsanto, con el propósito de "dar visibilidad a las implicancias del modelo extractivista y sus consecuencias". La página contribuye a la coordinación de las luchas en provincia.
Hay más. Se podría mencionar el destacado papel de las mujeres, pero ya es casi un lugar común. Por ahora, vale insistir en que un pequeño grupo de personas, hermanadas en la acción, es capaz tanto de vencer multinacionales y estados, como de sacudir la inercia de buena parte de la población.


[Recomendación] Lectura: Los anarquistas y la cuestión palestina


Algunos y algunas preguntarán por qué nos ponemos automáticamente del lado de Palestina siempre. Pero lo hacemos con razón: el pueblo palestino está sufriendo un genocidio por parte de Israel. Profundizando más en el tema, el anarquismo es poco conocido entre el pueblo palestino, así como en Israel la población no es toda sionista. También existen anarquistas israelíes. No obstante, el anarquismo no tuvo mucha incidencia social en esos lugares aunque sí existieron movimientos de inspiración anarquista tanto locales como internacionales contra la ocupación sionista y no existe un movimiento anarquista organizado. Entre las organizaciones en que participaron los anarquistas podemos destacar ISM (International Solidarity Movement), Anarchists Against The Wall, entre otros grupos y colectivos. Las acciones directas y de desobediencia civil fueron principalmente pacíficas pero también hubo momentos en que se tornaron resistencias activas. A partir de la década de 1990, confluyeron otros frentes de lucha como el anticapitalismo, el ecologismo, el feminismo y el queer y las luchas por los derechos de los animales.
No queda atrás tampoco la cuestión nacional, pues en un conflicto de este tipo se ven involucradas las identidades culturales. Desde algunas perspectivas anarquistas, predomina la idea de que el nacionalismo va ligado a una construcción ideológica artificial articulada desde el Estado y por ello hay veces que se omiten estos componentes o son tratados de manera secundaria. Esto genera que las luchas de liberación nacional sin Estado queden ciertamente desatendidas. Es por ello que no se puede concebir a un pueblo sin unas identidades culturales, que para nada tienen por qué ir ligados al Estado-nación. El otro concepto de nación de Rudolf Rocker precisamente trata de esas identidades culturales de un pueblo en base a su historia, territorio, lenguaje, etc. Estas identidades nacionales forjadas desde abajo pueden ser elementos aglutinadores que unan al pueblo en su lucha contra la opresión imperialista. Sin embargo, existe una contradicción en lo que concierne a la lucha palestina y es que muchos palestinos y palestinas están a favor de crear un Estado-nación y en este dilema estamos tratando de resolver. ¿Cómo apoyar la lucha del pueblo palestino contra la ocupación sionista pero sin apoyar la creación de un Estado palestino?
Como anarquistas, sería acertado nuestro apoyo a la causa palestina en su lucha contra Israel, pero tampoco debemos apoyarles desde el paternalismo diciendo qué tienen que hacer y cómo han de luchar. El pueblo palestino sabrá lo que quiere y a pesar de ciertas contradicciones, la solidaridad entre pueblos debería mantenerse. Sin más, animo al lector o la lectora a conocer más de fondo este tema:

jueves, 2 de octubre de 2014

Duerman tranquilos: aquí no ha pasado nada



Introducción
Por algún motivo, el abuso sexual infantil (A.S.I.) ha sido antes y es hoy silenciado, desmentido y sistemáticamente negado. Intento ubicar su lugar para el Psicoanálisis. También las diversas formas en que tanto algunas prácticas y teorías como el desempeño mismo de la Justicia enmascaran su concreción, lo promueven y generan, llamativamente, una narcosis tal que nos impide verlo en su alarmante realidad de ataque a la dignidad subjetiva de las víctimas infantiles.
Quiero recordar la definición de A.S.I. como fondo sobre el cual abordar estas cuestiones: “El abuso sexual comprende las acciones recíprocas entre un niño y un adulto en las que el niño está siendo usado para gratificación sexual del adulto y frente a las cuales no puede dar un consentimiento informado.” Zárate, Mario (2000) [1] En ella, debemos destacar la posición de objeto de goce en que se ubica al niño. [2]

El A.S.I. y el Psicoanálisis
El A.S.I. ha ocupado distintos lugares en el cuerpo conceptual del Psicoanálisis. En el comienzo, y a través de la catarsis propuesta por Freud a sus pacientes, aparece como lo padecido por la mayoría de los niños de la burguesía vienesa y, quizás, también de la europea.  Sin embargo, es notable reconocer que Freud no se detiene en la denuncia de este hecho como aberrante -en 1896, Manuscrito K, señala la diferencia entre neurosis histérica y obsesiva en base a tempranas experiencias sexuales vividas pasiva o activamente, productoras de rechazo o de placer, que son reprimidas y que retornan - sino que le da relevancia en relación con el curso de su propia investigación del psiquismo humano. Quizás, el estatuto de la niñez, en esa época, no es el que adquirirá posteriormente. Su dignidad no está del todo establecida, aunque Freud poco más tarde se refiera a “His Majesty the Baby”.
Con la decepción freudiana respecto de la verdad de los dichos de las histéricas -“Ya no creo más en mi “’neurótica’”, Carta 69 a Fliess, de septiembre de 1897 - el A.S.I. pasa, para el Psicoanálisis, a ser parte del acervo fantasmático de los neuróticos. La diferencia entre realidad psíquica y realidad adquiere, de este modo, todo su peso. El Psicoanálisis define su campo en relación a la primera y deja la realidad efectivamente acaecida como un inalcanzable que, sin embargo, hay que tener en cuenta en lo que Freud llamó series complementarias.
La condición para que se arme la trama fantasmática, así como la emergencia subjetiva misma, se encuentra en la más temprana época, en la relación materno infantil. En 1905, en Tres Ensayos, Freud da un lugar preeminente a la actividad materna sobre el cuerpo del niño. En este sentido, la sexualidad sublimada de la madre -recordemos la ecuación niño/falo-  es el puente para que, sin tener la menor idea de lo que implica su acto, ella despierte el erotismo infantil, ese plus que subvierte la necesidad. En 1919, en Pegan a un Niño, el agente de la seducción es predominantemente el padre y la escena fantasmática se ubica como condición de goce sexual autoerótico de los sujetos. 
Lacan complejizará el surgimiento del erotismo al incluir el peso de los vaivenes de la Demanda, del niño a la madre y de la madre al niño, la operación de lenguaje implicada y su efecto de deseo. De este modo, la constitución misma de la pulsión encuentra allí su punto de partida. Que de ambos lados algo permanezca insatisfecho es el dato que permite, en ese circuito, el surgimiento del deseo y del sujeto, la separación.
Piera Aulagnier, con su concepto de “violencia primaria” sostiene que la asimetría entre el Otro y el bebé es lo que permite esa anticipación por la que la madre metaboliza y significa al niño, contribuyendo así a la construcción del Yo. La madre es la portavoz de la cultura y ejerce su poder, a veces en detrimento del placer del niño.
En este sentido, ¿acaso podríamos decir: en el origen hay un A.S.I. para todos, cuyo agente es la madre y del que depende el destino de la humanización de la cría para la especie? Veamos: el infans se encuentra en posición original de objeto; ha sido, y probablemente sea, objeto de amor para sus padres. Asimismo, sabemos que su lugar en el deseo materno, mediado por la operación del padre, le augura un destino de neurosis, el mejor que los humanos podemos tener. No hay, sin embargo, una extracción de goce, a no ser por la satisfacción pulsional sublimada por parte del adulto, y es este el dato diferencial que nos interesa. Es decir: nada, entonces, permite calificar como abuso a la compleja operación que lo hace surgir como sujeto.
Fernando Ulloa, con su concepto de la “ternura” como dispositivo, es el que nos puede dar una clave más para comprender esta diferencia esencial. Para definir la ternura se atiene a los términos freudianos de sublimación de la pulsión en la madre y ejercicio de esa corriente tierna que le permite, decíamos, libidinizar y anticiparse a las demandas del niño, creándolas como tales. En ese dispositivo, Ulloa señala un dato distintivo: el “miramiento”.
El “miramiento”, entonces, eso que –para Lacan- sería la suposición del sujeto allí donde aún no hay nada, es esa fisura entre la madre y el niño como un Otro, que anticipa su surgimiento y –por lo tanto- loproduce.  Quiero dejar especialmente subrayado este concepto, ya que me parece clave en el tema que nos ocupa. Ulloa lo define asíMiramiento es mirar con interés amoroso a aquel que habiendo salido de las entrañas es sujeto ajeno.” [3]. Hay ya allí el dato de respeto por la dignidad subjetiva. La madre sabe mucho acerca de su producto, pero no todo: él es un sujeto ajeno. Nada de lo que se juega en el abuso en el que ni el niño  es tomado como sujeto ni el adulto se priva del ejercicio de su goce propio.
Ulloa acuña el término de “encerrona trágica” en su trabajo clínico con torturados: “La encerrona trágica es una situación paradigmática de desamparo, es una situación de dos lugares, sin tercero de apelación, sin ley, en donde la víctima, tal vez para dejar de sufrir o para no morir, depende de alguien a quien rechaza totalmente y por quien es totalmente rechazado, esto en lo referente al Desamparo.” [4]Eldesamparo sería el fracaso de la ternura como dispositivo. Como vemos, hay una homología entre estaencerrona trágica y lo que señalamos para el A.S.I.
En la constitución, por el contrario, forma parte del proceso de la humanización -de la entrada a la cultura- que nos elijan un nombre, que nos marquen con un idioma, que algunas culturas incluso propongan operaciones sobre el cuerpo como la circuncisión, etc. Además, y esencialmente, que nos cubran de múltiples expectativas y deseos, conscientes e inconscientes.
Es lo que Freud dice en Pegan a un niño, bajo la forma imaginaria de ser pegado por el padre, el que inscribe la ley; la terceridad que actúa ya en la madre misma y que, en nuestra cultura, irrumpe efectivamente en la díada por la vía del padre. Es lo que se puede hallar detrás de las fantasías de seducción de las histéricas y lo que los adolescentes intentan instalar o hacer consistir por medio de marcas en el cuerpo, tatuajes y piercing, en la época en que el padre/el orden simbólico vacila, en que su lugar decae.
Los seres significativos, decíamos,  cumplirán las funciones que permitirán el nacimiento de un sujeto en ese lugar original de objeto. Uno podría considerar, entonces, como abuso sexual a toda intervención que, viniendo de un adulto, coloque nuevamente al niño en el lugar de objeto, mediante la operación específica en la que el abusador extrae un goce sexual. En este sentido, el abuso sería una forma particular del maltrato infantil.
Se supone que todos los adultos que intervengan en la crianza y educación  del niño irán en la dirección de su subjetivación, o sea: harán lo necesario para que ese sujeto que surge se afiance, crezca, desarrolle su libertad posible, a pesar de todos los sometimientos originarios que le fueran legados. Los movimientos contrarios, de hecho, son los que habitualmente nombramos como retentivos, son los que obstaculizan ese proceso, contrariando así el tabú del incesto de formas no literales, siendo ese tabú: No reintegrarás tu producto, lo que la función paterna le dice a la madre.

Consecuencias clínicas
En la clínica apuntamos al sujeto, procuramos su surgimiento, escuchamos su decir, trabajamos sobre su goce. En ese sentido, somos herederos de los otros de la prehistoria, como lo atestigua la transferencia. Será, entonces, violencia secundaria, en el decir de Piera Aulagnier, cualquier práctica que no reconozca al sujeto en su particularidad.
Las delicadas operaciones que describimos quedaron, para la teoría psicoanalítica, recluidas en la profundidad de los pliegues de la constitución subjetiva y, en la clínica, sumidas en el concepto de realidad psíquica. Podemos incluso registrar toda una época en que primó un marcado desprecio por los hechos aludidos en el discurso de un sujeto en tratamiento. Tener que tomar el discurso en sí -dato clave de la escucha clínica-, admitir la imposibilidad de acceder a lo verdaderamente acaecido, es un límite que tiene nuestra práctica. Sin embargo, es posible alcanzar -por la vía de los signos que el discurso mismo ofrece, de los síntomas que se construyen-  presunciones de mucho valor en relación con aquello efectivamente sucedido: es un trabajo sobre lo que ha dejado rastros, sobre el modo en que el sujeto ha respondido al trauma. Así, por ejemplo,  lo hace minuciosamente Freud con aquello que el recuerdo no recupera. En su artículo de 1937, Construcciones en el análisis, se refiere a construir desde indicios y detalla esa acción, la compara a la del arqueólogo, examina las posibilidades de éxito o fracaso, mide las consecuencias en cada caso, etc.
El acento unilateral en la realidad psíquica se vio  también reforzado por las elaboraciones  acerca de la seducción infantil necesariamente ejercida por el Otro maternal y determinó, por mucho tiempo, que el discurso de los sujetos acerca de los posibles abusos sufridos en la infancia fuera tomado sin ninguna consideración por su ocurrencia. Es más, se sostenía que, dado que forma parte de lo inaccesible, de lo perdido, el analista no podía sino escuchar al sujeto en atención flotante, con total desprecio por la diferencia entre fantasía y realidad. Quizás esta tendencia continúe hoy día presente para algunos. Sería “violencia secundaria” para Piera Aulagnier. Ella la remite a un deseo “de que nada cambie” que habita a la madre y que no permite al niño crecer, salvo que éste encuentre una salida.
Donde Ello era Yo, el sujeto, debo advenir. Esta transmutación también opera en un psicoanálisis.  Si la creencia que nos guía –sólo accedemos a la realidad psíquica y al mundo fantasmático; estos elementos nos dejan fuera de la posibilidad de presumir acerca de y de reconstruir fragmentos sepultados de la historia de un sujeto- se ve transformada en concepto clínico operativo y, además, contamina a aquellos que, como los peritos, efectivamente tienen que expedirse respecto de estos temas, estamos en serios problemas.

De hecho, los que trabajamos casos de A.S.I. nos encontramos en un terreno en el que reina el silencio, ladesmentida, la negación y el total descrédito ante las víctimas, así como ante los adultos que denuncian, principalmente las madres. Este clima, que favorece la revictimización del niño, es el que predomina en el ámbito judicial. Es, sin embargo, inadmisible que nosotros –que sí tenemos instrumentos para despejar este campo y llegar a conclusiones- nos dejemos envolver por vicios teóricos o nos mantengamos en una neutralidad cómplice.

Conductismo Cognitivista y Revictimización
Otro es el caso de teorías, como la Cognitivista, que sabemos carecen de todo marco para estudiar los fenómenos subjetivos y elaborar consecuencias clínicas. Por esa carencia es que no podemos exigirles ninguna claridad. Las consideraremos porque nos resulta alarmante el aumento de su difusión - incluso comprendiendo su matrimonio con el capitalismo mercantil y con la ciencia- y porque el peligro que representan nos obliga a su denuncia cuando se aplican a los casos de A.S.I.
En este sentido, resultan significativas -por su efecto revictimizante- las indicaciones clínicas conductistas del Cognitivismo.  Tomaremos como muestra las referidas al tratamiento de la pena y a ciertos consejos en relación con la ira, dos afectos típicos en las víctimas, quienes a menudo se sienten encolerizados a la vez que apenados por tener que alejarse del perpetrador, a quien aman.  Comienzan por clarificar al niño sobre la naturaleza de la ambivalencia en juego, continúan con el entrenamiento para identificar los pensamientos disfuncionales y terminan por ayudarlo a distraerse, evitando la inactividad y la apatía. Asimismo, frente a la ira, le indican ocuparse con otra actividad, como “practicar un ejercicio físico o mental” o “realizar respiraciones lentas y profundas. Terminan enseñando a los niños “a hablarse a sí mismos de otra manera”. Por ejemplo: Voy a estar tranquilo;  Voy a distraerme cantando una canción. Los inducen a ensayar y a practicar, lo que denominan autoinstrucciones, en situaciones reales. [5].
Tenemos que caracterizar estas indicaciones con nuestros instrumentos. Están dirigidas a fomentar y a reforzar el uso de una defensa: la disociación. Sabemos que las defensas son los recursos del sujeto, aspecto inconsciente del Yo para Freud. Entendemos que con la consideración de su empleo armónico y balanceado se puede deducir la salud, con los reparos sabidos, de quien apela a ellas. La casuística es inequívoca respecto de que, en los casos de A.S.I., al momento del ataque, el niño tiene un único resquicio para responder como sujeto: la defensa que implementa, fundamentalmente la disociación. Tenemos de ello abundantes testimonios, algunos de los cuales recuperan sólo un retazo de recuerdo ligado a un detalle accesorio de la escena; aluden, de este modo, al estar en otro lado. Otros,más radicales, incluyen el recuerdo de haber apelado a ser otro en esa ocasión.
El recurso a la disociación -elección del sujeto que preserva su dignidad- pasa a ser, en las víctimas de A.S.I., la defensa princeps en la vida. Es tal el impacto del abuso, sobre todo en los casos de abuso intrafamiliar, que la defensa se convierte en el modo de evitar la amenaza constante de arrasamiento de la subjetividad. Es tal su preeminencia en ciertos casos que estos niños empobrecen considerablemente su vida y sus relaciones con otros. Así, una madre refiere con alivio que, en el marco de comienzo de un tratamiento, su hijo puede ahora empezar a quejarse por el mal gusto que le encuentra a una comida o reconocer la necesidad de abrigarse frente al frío. Ese mismo niño no puede -sin embargo, por el momento- identificar situaciones de exclusión a la que lo someten los pares.  Estos son algunos efectos de la disociación, como defensa exclusiva. Apelar a estimularla, como recurso clínico, constituye unarevictimización en el más estricto y verdadero sentido del término, pues en ese ejercicio se reniega, sin más, del primum non nocere, se fomenta aquello mismo que la víctima ha implementado en la escena del abuso. Tratar clínicamente a estos niños requiere de una consideración que podemos generalizar: el uso de su defensa privilegiada es un dato que debemos respetar, pero también estamos allí para, cuidadosamente, abrir la posibilidad de otros modos de surgimiento subjetivo, incluso si ellos implican displacer.

¿Por qué aumentan hoy los casos de A.S.I.? [6]
Como siempre ha sucedido, los datos estadísticos indican que el A.S.I. intrafamiliar lleva la delantera [7]. No es fácil localizar estadísticas.  Dice la OMS: “(…) los estudios internacionales revelan que aproximadamente un 20% de las mujeres y un 5 a 10% de los hombres manifiestan haber sufrido abusos sexuales en la infancia, (…)” [8]

Veamos, tomando el estado de lo socio cultural -el marco epocal- qué podemos identificar como causas del aumento de los casos de A.S.I. Contamos, en este sentido, con la dificultad de tramitación por destrucción de lo simbólico y con que este rasgo lleva a todo tipo de salidas violentas, al régimen crudo y tanático de la pulsión. El Superyo, en esa sintonía,  pide satisfacción inmediata -es decir: sin mediación- yconstante, en confluencia con la orden del mercado capitalista: Consume ilimitadamenteJust do it y con tantas consignas y anuncios que expresan estas apelaciones. [9]
Asimismo, se ponen de moda prácticas e ideologías que captan a muchos de los que buscan alternativas, opciones diferentes a las que ofrece el mercado. Sin embargo, estas ofertas representan también otro mercado en sí mismas. Dentro de la así llamada New Age se promueven prácticas que avanzan peligrosamente en su popularidad. Entre ellas, vamos a considerar la del colechoEste hábito se origina en las culturas primitivas y ha sido tomado -para ser reciclado- especialmente  de costumbres de la India. Sabemos que la New Age introduce, entre otros efectos, una fascinación por todo lo primitivo, y también por lo oriental, abarca desde el gusto por los consumos orgánicos hasta la prédica contra las vacunaciones.  En este caso, el del colecho, se estimula que el bebé duerma junto con los padres, en la misma cama. Se dice, engañosamente, que esta práctica disminuye la incidencia de la muerte súbita en los recién nacidos. Se supone que los niños, en algún momento, decidirán acerca de su desplazamiento y pedirán dormir en un lugar propio.  Mi práctica clínica nada indica en esta dirección, en tanto sí registra el caso desesperante de una pareja devastada que, desde luego, terminó en separación luego de que el padre, mientras dormía, ahogara a su bebé de dos meses de edad. La UNICEF tampoco alienta estos desvaríos y sí recomienda que los bebés dispongan de una cuna en el mismo cuarto de sus padres. La Academia Americana de Pediatría habla, en relación con la prevención de la Muerte Súbita, de compartir el cuarto sin compartir la cama. [10]
Los padres, desde la posición infantilizada que la época estimula, y en situación de simetría con los hijos, son presa fácil de teorías light que suponen –sin mencionarlo- una disminución del esfuerzo que implica la crianza.  El niño es tomado como una cría de animalito, sin consideración por su dignidad de sujeto, como un cachorro de peluche.  Los pediatras, arrasados hoy como cualquier otra de las figuras de autoridad, solían favorecer la discriminación temprana en el ejercicio de los vínculos. Actualmente, se encuentran impotentizados para  ejercer una función de interdicción. Ellos mismos tienen que lidiar, también, con laerotización innecesaria de los niños que padecen el colecho. En estos casos, es muy frecuente que, ante la preeminencia de las patologías del acto, terminen accediendo a las demandas de medicar al niño indomesticable. Se trata de la descarga impulsiva de aquello que no está en condiciones de tramitar, lo que lleva a que cada vez tengamos más niños medicados. Todo esto sin considerar la perpetración de abuso, ya que no creemos que éste se cometa por ser propicia la ocasión sino por un ejercicio perverso de goce.
Lo que sucede, y por eso tomamos en cuenta esta práctica indiscriminada de colecho, es -por otro lado- que el goce perverso cada vez encuentra menos su sanción cuando la sociedad se inscribe en un discurso que dice que hay que obtener lo que se quiere y a cualquier precio. El colecho, visto hoy con tan buenos ojos, es un síntoma del estado de cosas, de la posición relativa de padres e hijos, de la forma en que prima la autocomplacencia: no hay que levantarse de noche, no hay que sufrir. Todo ello revestido con teorías acerca de la necesidad del bebé de estar con su madre. El bebé de peluche está lejos de ese otro ajeno, destinatario del miramiento del que nos habla Ulloa.
La manifestación más extrema de la permisividad sobre el goce la ejercen, desde hace alrededor de seis décadas, los movimientos o cuevas de activistas pedófilos, los que se amparan en elucubraciones que superponen un supuesto amor por los niños con ideas de libertad sexual  para vestir el goce perverso. Si bien la popularidad de esos manifiestos decayó, otros tomaron la posta en relación con el tema. Así, podríamos incluir en esta serie la autodenominada teoría acerca del supuesto Síndrome de Alienación Parental, refugio refinado de más de un pedófilo en tanto, en su nombre, se acusa judicialmente a las madres denunciantes, mayoritariamente, de ser las que inyectan en el hijo la idea de haber sufrido abuso sexual. No quiero detenerme en este punto, del cual otros se han ocupado con precisión en esta Revista.[11]
Este clima de tolerancia de lo peor es el que impregna muchos de los ámbitos judiciales en los que se dirime, para el niño, una de las posibilidades de reparar, en cierto modo, la injuria sufrida. El así llamado S.A.P. se esgrime para dejar a las madres en el lugar de locas que denuncian, consagrando, de este modo, la impunidad de muchos de los perpetradores y la revictimización del niño, quien no habrá logrado siquiera hacer la experiencia de la ley y del valor de la palabra. [12] El agravante, en el caso del desempeño de la Justicia, es que ésta llega incluso a afectar a las víctimas con la indicación derevincularlas con los perpetradores, amparados éstos por una concepción -Después de todo es el padre- biologista de la paternidad que olvida el estatuto simbólico de la misma. Muchas de estas resoluciones limitan con la intervención perversa, cuando ordenan la reversión de la tenencia y entregan el niño al abusador.
El A.S.I., como fenómeno que crece, está emparentado con el levantamiento de las interdicciones y, sobre todo, de la más fundamental, la del incesto, la que le dice a la madre “No reintegrarás tu producto”. Es esta la peor de las violencias, la que ataca esa interdicción, el pilar esencial  de nuestra cultura y, por lo tanto, de la subjetividad tal como la conocemos. Creo que el A.S.I. es tan destructivo y tan aberrante, tan contrario a la naturaleza humana, que por ello mismo es silenciado, negado y desmentido. De modo sutil, la práctica New Age del colecho naturaliza una escena de indiscriminación; en forma desembozada, los así llamados movimientos de amor hacia los niños predican la pedofilia; y, como remate de este proceso,  las pseudo teorías en las que se ampara la Justicia vienen a cubrir con sus enunciados el jaque a la interdicción y  a narcotizarnos sobre este crimen.

Por María Cristina Oleaga

Notas
[1] Mario Zárate, Maltrato Infantil. Abordaje, Intervención y Prevención en las Escuelas.
[2] Recomendamos la lectura del artículo: La tarea pericial con niños en casos de maltrato o abusoPrimera parte  y Segunda Parte .
[3] Ulloa, Fernando, Desamparo y Creación.
[4] Ibid (3).
[5] Echeburúa, Enrique y Guerricaechevarría, Cristina, Abuso sexual en la infancia: víctimas y agresores. Un enfoque clínico,  Ariel, Barcelona, 2000, pág 74/5.
[6] Lo asegura una investigación de especialistas de la UBA. Dicen que las denuncias ya se dan en los dos sexos casi por igual. Y que la mayoría de las víctimas son abusadas en su casa o en lo de sus parientes.Crecen en el país los casos de abuso sexual en varones.
[7] “(…) en casi el 80 por ciento los agresores son personas del entorno familiar (padres, padrastro, tíos, abuelos, hermanos mayores), y el 14 por ciento conocidos de la víctima (vecinos, amigos de la familia, padrinos).
Seguimos con la misma tendencia, estos números reflejan que para muchos niños, niñas y adolescentes el peligro mayor está dentro de su propia familia”. Crecen los casos de abuso sexual en varones y de negligencia familiar
[8] OMS, Centro de Prensa, Maltrato infantil.
[9] Recomendamos la lectura de otros artículos de la revista, en éste y otros números, en los que se trabajan más detalladamente cuestiones referidas a lo social como obstáculo a la tramitación simbólica.
[10] SIDS and Other Sleep-Related Infant Deaths: Expansion of Recommendations for a Safe Infant Sleeping Environment.
[11] Bösenberg, Cristina Gabriela, Sindrome de alienación parental. Terapias de revinculación en el contexto del abuso sexual
Colegio de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires, Divulgación Repudio al Sindrome de Alienación Parental
[12] Rebollo Paz, María Cristina, El Abuso de Autoridad de la Justicia ante el Abuso Sexual Infantil


Fuente: http://www.elpsicoanalitico.com.ar/num18/clinica-oleaga-asi-narcosis.php