sábado, 23 de agosto de 2014

¡Gracias, Pedro!


- LA BAJA EN BAJA-


ES UN REGALO cuando un enemigo es tan torpe que lanza un ataque antes de tiempo. Pero si no sabemos aprovecharlo resultaremos más torpes que él.
En diciembre las encuestas de intención de voto daban un 64% a la aprobación de la reforma constitucional para bajar la edad de imputabilidad. Hoy, las últimas encuestas dan un 50%. Estamos ante un fenómeno complejo.
Todos sabemos que esta iniciativa de Pedro fue una idea oportunista para sacar un provecho electoral. Y lo que se le opuso, la campaña del NO A LA BAJA, arrancó muy pobre y tartamuda. Hasta que al final en este país de viejos los jóvenes encontraron un lugar, tal vez obligados.
Al arrancar, la propuesta de la baja no cayó en saco roto ni mucho menos.
  • Ofrecía una salida reaccionaria al genuino malestar social, apoyada en reacciones primarias y la cultura individualista propia de la sociedad burguesa. Es lo que tiene que hacer toda derecha.
  • Pegaba muy bien en las falencias del gobierno frentista, que está en este tema en un callejón sin salida. Lo agarra sin defensas y en situación en que cualquier intento expone otros puntos débiles. 
  • Era también una oportunidad de gimnasia política y un plan de trabajo para la recuperación de la alicaída oposición burguesa tradicional.

Para complicar más la cosa, la campaña de la baja NO ENCONTRÓ ninguna respuesta adecuada de parte del oficialismo.

  • El discurso histórico de la izquierda, eliminar el crimen eliminando las causas sociales del crimen, es absolutamente imposible de ser levantado desde el gobierno, y menos un gobierno “de izquierda” que no solo es conservador sino que necesita demostrar permanentemente que es conservador y que ya enterró el viejo discurso histórico de la izquierda.
  • Cualquier paliativo de estilo Estado de Bienestar que se intente en materia de “seguridad”, sería: a) a contrapelo político y cultural de la época; b) sin los recursos necesarios como para un efecto significativo; y lo más importante, c) siempre insuficiente e inoperante frente al gran problema del deterioro del tejido social, que no se puede contener.
Debido a eso la campaña oficialista por el NO A LA BAJA se arrastró morosamente sobre bases vacilantes.
La baja no es solución”. Cierto, pero totalmente insuficiente. ¿Cuál es la solución?
Las únicas opciones - dentro del marco ideológico liberal burgués en que se maneja este gobierno - serían: a) restaurar la doctrina penal centrada en la rehabilitación, del tiempo del Estado de Bienestar (y sin restaurar al Estado de Bienestar en sí mismo, no vemos como), o b) como siempre hace la democracia liberal frente al fascismo, hacer concesiones. (Como las “democracias europeas” ante Hitler en 1938 en Münich).
Lo segundo es lo que ha hecho este gobierno, por más que hayan soluciones parciales orientadas a la rehabilitación que deben de acompañarse de mucho énfasis mediático para que se noten. La tendencia principal, por el contrario, ha sido ceder ante la cultura punitiva propia de la época. “¡Pero si aquí YA HICIMOS la baja de la edad de imputabilidad!” Es igual que aquella vez: “Pero Hitler, si ya te regalamos Checoslovaquia en pedacitos”.
No hay aumento del delito, es un problema de sensación térmica”. Una torpeza miope y contraproducente. El miedo al delito no es una percepción (cierta o equivocada) del problema, es EL problema.
Estas políticas fueron intentadas en otros lugares, y fracasaron”. Cierto, pero verdad a medias.
Otros lugares” quiere decir acá prácticamente el mundo entero, y es muy irresponsable hablar a la ligera de la tendencia generalizada de recrudecimiento punitivo que es un problema muy serio y con hondas causas sociales, y peor si además se la acompaña al mismo tiempo que se la critica.
Esos “lugares” son los países centrales donde existió un Estado de Bienestar y su política penal pro rehabilitación, que luego fue desplazada por el recrudecimiento punitivo. Pero lo más equivocado de esta afirmación es que fracasó. ¿En que sentido?
Sí, claro. La política de recrudecimiento punitivo fracasa en el sentido de que no consigue la erradicación del delito o siquiera su disminución, en realidad agrava el problema del delito. Pero hay un sofisma implícito.
Porque dicho así, parecería ser que en esos “otros lugares” el recrudecimiento punitivo fue abandonado, que se instrumentaron otras estrategias de combate al delito y que tuvieron éxito. Decir eso sería totalmente falso. Ni fue sustituido ni se encontró otro camino exitoso de erradicación del crimen, pero...
Lo que realmente importa es que esa política no pretende erradicar el crimen, o combatir el crimen, o disminuirlo. No quiere responder al crimen, quiere responder al MIEDO AL CRIMEN. Y su verdadera finalidad es utilizar el miedo al crimen como combustible para llevar adelante la sociedad de control. Esa es la cuestión. POR ESO tenemos aquí la propuesta de LA BAJA.
La política penal del Estado de Bienestar tenía en cierta forma un discurso “humanista” -aunque fuese un “imperialismo cultural”, que piensa la integración como asimilación-. En ese paradigma el ser humano es perfectible, y el crimen es una disfunción social a resolver.
La política penal represiva de la sociedad de control no se plantea eso en absoluto, asume que el crimen no puede ser erradicado ni disminuido, hay que vivir con eso y de lo que se trata entonces es de proteger una parte de la sociedad de la otra. No es tutelar e integradora (aunque sea con todos sus bemoles) sino fragmentaria, abandónica, demonizante.
Si queremos entender esto alcanza con escuchar a Pedro, lo dice con toda claridad y en todos sus detalles. “¿Quién tiene problemas con que le pidan la cédula?”. El que no quiere control es un delincuente.
Vamos a ocuparnos más extensamente de este tema, porque es el tema principal. Pero antes hay que redondear el panorama de la campaña baja/no baja.
La baja entró en baja. ¿Qué pasó? No ha sido por la eficacia de la campaña oficialista, por cierto. Ha sido a pesar de las insuficiencias de la campaña oficialista.
Los sectores colorados y blancos que impulsan la baja no han estado muy eficaces, han aumentado la división entre los dos partidos y también las grietas internas dentro cada partido. Pero en realidad ¿qué otra cosa podían hacer? Si el tema no tenía consenso, una vez metidos en el baile tenían que seguir.
La propuesta de la baja encontró una adhesión difusa y un rechazo organizado. Aunque la adhesión originaria fuese grande, el rechazo organizado la fue desmontando poco a poco. Y esta es la gran lección. La reacción de ultraderecha tiene todavía dificultades importantes para montar una estructura organizada de masas. Un obstáculo que encuentra es la cultura aún sobreviviente del Uruguay batllista.
Además, los impulsores de la baja enfrentan otro enemigo muy difícil de vencer: la apatía, la desinformación, la pasividad política. Si en otros casos eso jugó en contra nuestro, en este caso juega en contra de ellos. No se trata solamente de que los partidarios de la baja tendrán que poner físicamente una papeleta en el sobre, ese pequeño gran detalle es solamente el último obstáculo. Hay muchos más antes de eso. Y esos dos factores se combinan entre sí.
Pintar un muro, colgar un cartel, repartir un volante, hacer una pequeña reunión, aparecer en cualquier lado hablando del tema, todo eso solo es posible para un puñado de dirigentes completamente jugados. En todo lo demás las personas partidarias de la baja podrán expresar una opinión privada, tal vez muy contundente, pero no estarán dispuestas a exponerse, a militar, dar la cara y dar su tiempo. Una gran contradicción que tiene la campaña por la baja es que su sector masivo de llegada es la parte más atrasada de la sociedad, es decir la más despolitizada y por lo tanto la que está más lejos de actuar orgánicamente en política. Son un pequeño grupo de capitanes sin ejército y un gran ejército desbandado sin capitanes.
La forma clásica en que la derecha resuelve ese problema es un movimiento fascista. Uruguay no está preparado todavía para eso.
Pero lo más interesante es lo que ocurre del otro lado, en el NO A LA BAJA. Hemos visto que los “capitanes” del oficialismo no aportan gran cosa. Pero en cambio tenemos un ejército que no necesita capitanes: la movida joven.
Este 14 de agosto el movimiento estudiantil asumió el tema del NO A LA BAJA en una movilización de masas. Pero no se limitó al encare evasivo de los políticos oficialistas, tomó la ofensiva y denunció, saliéndose del libreto, las torturas en los centros de reclusión para jóvenes, las razzias, pidió la renuncia del director del SIRPA, y agregó otros temasl: 6% para la educación, no a la megaminería, etc. Asume que de lo que hay que protegerse es de “los protectores”.
"Que la cárcel no sea su escuela, ni un estudiante votando la baja, en defensa de la juventud uruguaya". Y aquí sí aparece el asomo de una alternativa, diferente del “vamos bien”: "Más trabajo y educación de mejor calidad, para ello consideramos necesario mayor presupuesto, junto con autonomía y co-gobierno real para todo el sistema de educación pública".
El 14 de agosto no es un hecho aislado, es producto del crecimiento de la movida joven en el tema que viene desde hace tiempo, y que ocupa su espacio natural con mucha comodidad. Es vez de ser un derivado de la instancia político-partidaria y un peón de ese tablero (aunque tenga también ese componente) es lo contrario, una iniciativa auto-organizada que se mete por debajo en la instancia político-partidaria y la presiona desde adentro.
Es un rechazo explícito al vigilar y castigar postmoderno.
Porque si el paradigma tutelar de la política penal del Estado de Bienestar es filosóficamente moderno, el paradigma represivo de la sociedad de control es medievalista. Su época histórica es la del capitalismo tardío, “la barbarie como lepra de la civilización”, decía Marx.
Resumiendo:
La cultura del control postmoderna, sustituyendo la cultura liberal del Estado de Bienestar, es una corriente poderosa de los últimos tiempos y se expresa entre otras cosas en un nuevo o paradigma jurídico y penal. Tiene raíces profundas en el tipo de sociedad que emerge en el capitalismo tardío.
Los gobiernos de socialdemocracia decadente y claudicante como el nuestro acompañan - en el mejor de los casos a la retranca - ese movimiento general, en esta área como en todas. Pero muchas veces tienen allí un flanco expuesto a los ataques de los sectores más activos de la nueva derecha, que los azuzan.
Viendo una valiosa oportunidad para reconstruir su presencia política en la escena, esta nueva derecha tomo la iniciativa de la baja de la edad de imputabilidad. Resultó prematuro, encontró una resistencia inesperada.
La versión oficialista de la contra-campaña NO A LA BAJA ofrece más problemas que soluciones. Por eso, este “vacío de poder” empezó a ser llenado desde abajo.
Un posible fracaso en octubre del intento de bajar la edad de imputabilidad sería la primera derrota masiva del proyecto neo-conservador en nuestro país, que hasta el momento “venía bien”.

El “día después”... eso será todo un problema.