viernes, 6 de abril de 2012

Entre discursos manipuladores y represión explícita


“No hay lugar para el temor, ni para                                                          
la esperanza.  Sólo cabe buscar
nuevas armas."  
Gilles Deleuze

Al finalizar la semana  pasada se produjo una brutal represión contra  padres, profesores y alumnos del liceo 70 en el Cerro, que realizaban una protesta con corte de calle, reclamando por mejores condiciones edilicias del edificio del liceo entre otras cosas, que ha venido dificultando el comienzo de los cursos.
Las imágenes de la represión policial fueron claras y mostraron bien evidentemente la desmedida intervención, en la cual se utilizaron balas de goma tiradas directamente sobre los cuerpos de los manifestantes. Este hecho produjo indignación en buena parte de la población y ocasionó el pronunciamiento de varios gremios que condenaron el hecho.
Recalcamos que hechos como estos no se veían desde hace mucho tiempo y trajeron a la mente el recuerdo de los tristes años de represión contra trabajadores y estudiantes; fue como el ver la repetición de algo ya vivido y cuyas consecuencias también las conocemos.
Al día siguiente y antes de  que pudiera articularse cualquier medida de condena a los actos represivos, se produce el discurso del presidente José Mujica y entonces de pronto  todo se congela, se produce la parálisis y las organizaciones sociales no salen a la calle.  
Los dichos del presidente fueron absurdos, pero consigue una vez más estigmatizar a los manifestantes, habla de infiltrados de la izquierda radical,  del infantilismo y de las cabecitas locas que todo lo ven mal. 
Este discurso repetido por todos los medios logra hacer desaparecer las imágenes de la represión , silencia igualmente los reclamos de profesores, padres y alumnos, es decir;  niega la realidad y por último rápidamente  criminaliza a quienes protestaron reclamando un derecho tan fundamental como el de tener un local y condiciones que hagan posible  una educación en un entorno digno.

Dislocación de los cuerpos
Represión y discurso logran confundir, doblegar y  afianzar la cultura de la sumisión exhibiendo la fuerza del estado.
El freno de la protesta, el inmovilismo de los cuerpos se logra con el dominio sobre las mentes y esto se hace desde el discurso.
 La herramienta de transmisión son los grandes medios de comunicación..
Así los cuerpos  se han transformado en el nuevo territorio en donde se lleva adelante una guerra invisible por el control de las mentes y por consecuencia de las acciones de los cuerpos.
Cuerpo- mente dislocados, para obtener comportamientos fragmentarios que se  van a interiorizar adentro de nosotros mismos y que provocará el  vaciamiento de los espacios sociales. Los cuerpos se vuelven obedientes  y como podemos ilustrar esto es mirando por ejemplo, como la lucha de los profesores y padres, no es sentida como propia por los cooperativistas de vivienda o por los trabajadores de la salud o por  quienes se movilizan por el tema tierra. Cuando las luchas de uno y otros deberían ser visibilizadas como una misma lucha contra el sistema, aparecen en sus partes y por ende debilitadas.
¿Qué es lo que hace que no nos sintamos todos concernidos por los distintos  reclamos? Ya con nuestras ausencias y con nuestros cuerpos obedientes inmovilizados  estamos de alguna manera siendo parte de la nueva cultura de la insolidaridad.
El discurso del presidente hizo un corte quirúrgico al señalar que en la movilización se constató la presencia de otros sindicatos y esto terminó  desnaturalizando los reclamos, para terminar de eclipsar una situación que  en la enseñanza  se hace insostenible en el tiempo.

La instalación del miedo como arma del sistema 
La represión llevada adelante contra padres y profesores del  liceo 70  ilustran claramente la situación antes expuesta; no interesaba dejar presos a quienes fueron arrestados si no infundir miedo para parar, frenar, un movimiento que bien podría extenderse de forma más amplia en nuestra sociedad.  Infundir miedo para quebrar las movilizaciones populares, el estado jugando a fondo, mostrando su verdadera cara de agente represor ante todo lo que pueda cuestionar o perturbar los planes establecidos por las grandes  corporaciones financieras, al servicio de ellas está el actual gobierno “progresista” y su presidente Mujica. 
Que vivimos tiempos híbridos no nos cabe la menor duda  y para poder en algo revertir esta situación no alcanza con el voluntarismo; habrá que desmenuzar el discurso único para lograr darlo vuelta, entender sus claves. Por otra parte,  importante es observar como operan los comunicadores del sistema,  para entonces tal vez tratar a la propaganda  de otro modo, es  decir aplicar los criterios de la publicidad.  Claro para adentrarnos en ello necesariamente debemos estudiar el rol que juega  la imagen en nuestra sociedad y seguro que también ello contribuirá en un mayor entendimiento para luego poder habitar nuevos espacios de creación y resistencias.

Luna
04 04 2012